El bizarro y exquisito mundo de Andrew Zimmern

Un valiente hombre con estómago de hierro, poco pelo y mirada apacible se ha convertido en un fenómeno televisivo mundial por convertirse en el único ser humano capaz de comer literalmente “de todo” en vivo y en directo mientras viaja por los lugares más recónditos del planeta en su programa “Comidas Exóticas” emitido por el Canal Discovery Travel and Living. Por la boca de Andrew Zimmern han pasado desde los más exóticos platos hasta los más desagradables. Su lema nunca falla: Si luce bien, cómelo.

Publicado en Revista elgourmet.com Colombia

Cada vez más, el mundo de la cocina se vuelve más versátil. Atrás quedaron los chefs encerrados en la jaula de su cocina y las recetas guiadas por televisión sin olor ni sabor.

La gastronomía se ha revelado y ha salido de los fogones para exiliarse en experiencias alrededor del mundo que buscan  sabores, olores, platos perdidos nunca antes vistos que esperan ser descubiertos por un televidente cansado de ver y ver el ‘zoom in’ de un plato de comida terminado al mejor estilo Food Styling.

Hormigas voladoras gigantes en Uganda, salsa de estómago de pescado en Phuket, riñones de camello en Etiopía, Sashimi de almeja gigante en Samoa, tiburón putrefacto en Islandia y piel de burro en China son algunos protagonistas de la lista de ‘curiosos platos’ que Andrew guarda en su memoria sensorial. Un claro ejemplo de cómo experimentar diferentes tipos de cocina son una forma de compartir la cultura de un pueblo.

Antes de convertirse en una estrella de la televisión Andrew Zimmern es chef egresado del Vassar College de Nueva York, crítico gastronómico, maestro y reconocido como una de las personalidades más versátiles y conocedoras de mundo de la cocina a nivel mundial. Durante una década ejerció como chef ejecutivo y gerente general de importantes restaurantes de su ciudad.

Más allá de llevarse a la boca todo lo que ve a su alrededor, El periódico New York Times define a este neoyorquino como un hombre encantador e inteligente, capaz de mostrar la comida desde un punto de vista más antropológico en donde se aprecia la diversidad social y cultural de cada cultura que visita.    

Como creador, anfitrión y algunas veces productor de su propio programa, exploró paso a paso la cocina y su propio terroir desde finos restaurantes, puestos de comida y mercados callejeros hasta comida de la selva, demostrando a sus millones de televidentes que es posible descubrir una auténtica experiencia culinaria mientras se viaja. 

En “Comidas Exóticas” desenmascaraba aquella costumbre de pensar más de dos veces lo que se va a ordenar en un restaurante y más bien se aventura de una manera divertida a degustar nuevos sabores con una mente más abierta y preparada ‘para lo que venga’.

Para lograrlo, Andrew se infiltraba en la cocina local llevando a los televidentes a ver realmente lo que sucede ‘detrás de cámaras’ así tenga que perseguir roedores en la bahía de Lousiana o capturar murciélagos en cuevas de Malasia.

Andrew decidió compartir con elgourmet.com, en exclusiva, sus más experiencias culinarias y por qué no,  demostrarnos por qué es el vocero oficial de Peptobismol, el remedio a la hora de la indigestión.     

M.C.R. ¿Cuál ha sido la comida más deliciosa que has probado?

A.Z. La comida de los puestos de la calle en Vietnam, un BBQ Massai en Tanzania, Noodles de Cantón en China; sánduches de pescado en Trinidad, atún a la parrilla y alcachofas asadas en Sicilia; Laska, una sopa de noodles picantes en Singapur; ‘tacos de cabeza’ en Oaxaca México; atún crudo y fresco del mar de Samoa; Hueso asado de lechón en Madrid; la comida de El Bulli. Podría nombrar muchos más…

La comida más extraña que he probado es un tofu apestoso en Taiwán que dura 14 días en descomposición. Es el peor sabor con el que me he topado y es el único plato no volveré a probar. Sabe a bote de basura que ha contenido en su interior un cuerpo muerto durante mucho tiempo, y su textura es gelatinosa.

M.C.R. ¿Existe algún tipo de comida, ingrediente o especie que nunca hayas probado?

A.Z. He degustado casi todo en este mundo y las cosas que no he probado son variaciones misteriosas de comidas que ya he probado.

Siempre quise hacer un show como “Comidas Exóticas” . Es muy importante mostrar a la gente otras culturas a través de su comida. Es lo único que la gente alrededor del mundo tiene en común.

M.C.R. ¿Alguna vez se te has enfermado después de comer algún plato extraño?

A.Z. Nunca. ¡Tengo la constitución de una piedra!

M.C.R. Cuál ha sido la receta más elaborada que ha probado?

A.Z. Buena pregunta. Tendría que decir que Funazushi en Japón. La elaboración de este plato dura de tres a cinco días dependiendo del chef. Se trata de pescado añejado en arroz cocinado, el cual se deja secar y madurar durante mucho tiempo. Un plato bastante oloroso.

África sabe a la tierra. Europa a mantequilla. Norteamérica a bosque. Latinoamérica a lima picante. Australia al mar. Medio Oriente a especies y el Lejano Oriente a sal.

M.C.R. Cuál es el tipo de cocina que más admiras y por qué?

A.Z. La cocina japonesa, por su naturaleza aventurera y el sentido poco paralelismo entre restringido y balanceado.

M.C.R. En tu blog cuentas que en Chile te topaste con un invertebrado llamado Piure el cual nunca habías probado…

A.Z. Lo probé sin cocinar, lo cortaron por la mitad para abrirlo, luego arrojó un sabor a yodo. Lo tragué con un poco de jugo de limón. Tiene un sabor muy fuerte pero incredible y delicioso.

M.C.R. Cuéntanos del ritual “The icing of cake” que aprendiste con los indios Mapuche en Chile

El ritual Nachi, en Chile, celebra la castración de los animales machos durante la primavera. Los Mapuche desangran un cordero y lo depositan en el fuego para cocinarlo, pero antes toman su sangre sazonada con limón, cebolla y cilantro. Es delicioso, muy mineral y de gran sabor.

M.C.R. ¿Qué es lo que más admiras de la cocina latinoamericana?

A.Z. La profundidad de sus tradiciones y la dicotomía entre la cocina antes y después de la conquista. Las comidas de Latinoamérica en general son complejas y estructuradas en su sabor lo cual me hace adorar comer en estos países. Soy un hombre de grandes sabores por lo cual amo los platos latinoamericanos.

M.C.R. ¿Cuáles son los sabores de Latinoamérica?

A.Z. Amo la cocina simple campesina a un buen precio. Un ejemplo es la sopa elaborada en una hoguera por los campesinos de Bolivia a la que le agregan ‘chuños’ o papas deshidratadas al último minuto. O el cerdo asado en Otavalo Ecuador, o un chivo a la parrilla a la orilla de la carretera en Venezuela. Estos íconos culinarios son muy diferentes al universo de frutos del mar que se encuentra en Santiago de Chile. Soy un fan del churrasco chileno y adoro la comida de Venezuela.

M.C.R. ¿Se puede describir la comida exótica como comida gourmet?

A.Z. Por supuesto porque se puede replantear el concepto de qué es gourmet. Trate de decirle a un habitante de una tribu de Uganda en términos occidentales que una hormiga asada no es gourmet. ¡Seguramente se reirá de usted! He comido fruta Madura de un árbol con esta tribu y ellos creen que una papaya recogida del árbol es un acto mundano, sin embargo un chef francés moriría por un trozo de esa fruta madura recién bajada del árbol.

M.C.R. ¿Cuál es la bebida más extraña que has probado?

A.Z. Jugo de maní en la plaza de mercado en La Paz Bolivia. Ofrece una extraña textura y sabor. Era algo que no esperaba encontrar. También recuerdo los jugos frescos recién exprimidos en Samoa. Se trataba de tres tipos de plátanos con melón y varios cítricos.

Soy un hombre de familia así que es común encontrar en mi mesa, un día común y corriente, pollo asado, ensalada, quesos y panes. Un menú muy simple.  

M.C.R. ¿Cuáles son tus restaurantes favoritos?

A.Z. Adoro la comida de mar. Me encanta el rollo de langosta, almejas fritas en el restaurante Fiev Islands Lobstar Company en Maine; el pescado fresco de Tsukiji Market en Tokio o el mercado central en Santiago. De restaurantes ‘fine dining’ me gusta Alinea en Chicago, L’ami Jean o Garnaire en Paris; Tom Aikens y Roast en Londres; El Bulli en España, Nobu y Mizutani en Tokio, y Per Se, Jean George y Boloud en Nueva York.

M.C.R. Define la buena comida y la buena cocina

A.Z. Si luce bien lo como, y si sabe bien es buena cocina. Trato de no complicarlo.

M.C.R. ¿La comida muestra la cultura local y más aún, compartir la comida con los lugareños en sus propia casa?

A.Z. Compartir la comida con la gente es sus hogares es lo más disfruto y lo más enriquecedor de cada viaje. Es la expresión más válida de la cocina de cada cultura en la cual me sumerjo.

Pierre Hermé: El Picasso de la pastelería

El chef pastelero Pierre Hermé se ha convertido en el mejor cocinero del mundo. elgourmet.com Colombia conversó en exclusiva con este sastre que confecciona dulces costuras gastronómicas mientras reinventa un nuevo espíritu para la pastelería francesa sin perder el toque artesanal.

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Guiados por sus selectivas narices, los amantes de la buena mesa visi- tan París para tropezase con la vitrina de Pierre Hermé Paris y dejarse hip- notizar por los caprichos que ofrecen sus coloridas y esculturales propuestas.


Desde la vitrina se escuchan acordes rosa-frambuesa, albaricoque-azafrán y pomelo-menta que mucho recuerdan a Mozart. Un pastel cubierto por un tapete de fresas, frambuesas y moras en tonos rojizos, violetas y fucsias hace suspirar a muchos transeúntes.

Por su parte, una torta se vislumbra a lo lejos cubierta de un brillante glaseado color caoba que luce galante un penacho de pélalos de rosa; las tartas en forma de pequeños botes que navegan por olas hechas de wafer de chocolate se aprecian al borde de la locura, al igual que delicadas confecciones que recuerdan antiguas cajas musicales adornadas con encaje hecho de chocolate blanco. Comienza un dulce acercamiento a la perfección.

Hermé tiene claro que “ningún pistacho o chocolate se parece ni se parecerá a otro, al igual que la vainilla y la rosa pueden espirar aromas muy diferentes cada vez que los olemos”.

Por otro lado, una hilera de chocolates hechos a mano saborizados con anís estrella- do, pimienta de Java o flores de lavanda esperan en la vitrina algún antojadizo al igual que las gelatinas de ciruela, mango, cereza, maracuyá y durazno; los patés de frutas, las tartas de durazno y los mazapanes.

Los medios de comunicación lo definen como “un virtuoso del dulce”, “un arquitecto de emociones”, el “Dior de los postres”, “el príncipe parisino de los pasteles”, “la estrella de la pastelería francesa contemporánea”… Es elogiado por su esplendoroso trabajo al convertirse en un mago de sabores, en el “emperador de la cocina”, según The New York Times, “el rey de la pâtisserie moderna”, según The Guardian, y un motivo de gratitud por parte de los verdaderos conocedores de la cocina gourmet de dulce.

Como los grandes modistos, Pierre Hermé habla de confecciones al referirse a sus creaciones, presenta colecciones de pasteles cada año al igual que lo hace un diseñador de Haute Cuture, aunque bajo su modestia asegura que democratiza sus propuesta mediante un estilo más prêt-à-porter. Es el sastre de la costura gastronómica dulce que ofrece más de 1000 elaboraciones en su repertorio.

¿Pastelero?, ¿artista?, ¿pintor?, ¿modisto?, ¿alquimista? Para él, un buen pastel es ante todo el gusto: “Tiene que estar rico, por supuesto; pero tiene que pasar algo sucesivamente en la vista, el olfato, el tacto, las papilas gustativas e incluso el oído de quien lo prueba”.

Por ejemplo, trabaja para que el comensal descubra colores tornasolados, aromas que cosquillean las ventanas de la nariz y que disfrute al tocar un macarrón redondo, abombado, fácil y suave de agarrar entre los dedos. El oído entra en juego cuando se rompe la fina envoltura crujiente y por último llega la explosión en las papilas gustativas: de lo crujiente a lo untuoso, de lo crujiente a lo fun- dente, antes de alcanzar el éxtasis del equilibrio sensorial. ¡Una dulce poesía para oídos que saborean!

¿Quiere probar uno de sus postres? Cierre los ojos, abra sus sentidos e imagine un delicado sánduche de rosas con crema de pétalos, frambuesa y lychees frescos. Ahora visualice un arabella, mezcla de banano, maracuyá, jengibre y avellanas dentro de un mousse de chocolate.

¿Quiere más? Qué tal un pastel construido mediante un contraste de capas, algunas cremosas, otras crocantes, un poco de merengue de avellanas, wafers delgadas de chocolate, una capa de ganache de chocolate cremoso y un final de crema batida de choco- late de leche.

En este momento interviene Pierre Hermé en medio de la fantasía para asegurarse de que todo esté dispuesto para que cuando el pastel se porcione para seis personas, cada uno pueda disfrutar de un auténtico diseño de sabores y texturas. ¿Y cómo pasar por alto su más famosa creación? Se trata del Cerice sur le gateâu, un pastel alto en forma triangular cubierto con chocolate de leche, en cuya cima reposa una brillante e inmensa cereza glaseada.

Heredero de cuatro generaciones de panaderos-pasteleros alsacianos y discípulo de Gaston Lenotrê (considerado el rey de la pastelería gala y creador del imperio gastronómico Grupo Lenôtre), afirmó tras el deceso de su maestro que aprendió codo a codo sus secretos en la repostería, las bases de la profesión, el rigor del trabajo, la preocupación por el detalle y el sentido de la calidad. Por eso asegura todavía que el chef pastelero que más admira es Lenotrê.

Su inspiración viene de su debilidad por el dulce, del placer y la sensibilidad que siente cada vez que se topa con fragancias y texturas que pasean galantes por el mundo.

Tiene claro que “ningún pistacho o chocolate se parece ni se parecerá a otro, al igual que la vainilla y la rosa pueden espirar aromas muy diferentes cada vez que los olemos”. \

Con el placer como su única guía, ha invertido un original mundo de sabores, sensaciones y placeres sensoriales que nadie más en el universo ha logrado.

Considera los ingredientes como “falsos amigos que hay que ir domesticando antes de darles un lugar merecido en la receta”.

Se refiere el azúcar como un condimento y otras veces como un elemento de sazón que contribuye al balance de la composición, sin dejar a un lado su rol protagónico.

Como un mago de sabores, ha obtenido sus poderes combinando elementos clásicos del arte de la pastelería como el manejo de la pasta de hojaldre, la esponjosidad en un ponqué y la utilización de la almendra, el chocolate y frutas frescas de temporada.

Uno de sus aportes a la repostería mundial ha sido un método para manejar el hojaldre llamado pâte feuilletée inversée. Consiste en una masa que parece una hoja delgada la cual hornea hasta que esté dorada y crujiente. El azúcar granulada le aporta un final crujiente, por un lado, y por el otro, un aspecto caramelizado suave y crujiente.

Joan Roca: puro sentimiento

El restaurante El Celler de Can Roca, liderado por los hermanos Jordi, Joseph y Joan, mantiene las raíces de la cocina catalana. El vino es protagonista al igual que los postres inspirados en grandes perfumes. ¿En qué se diferencia esta propuesta de la de Adriá?

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Joan, considerado “la mente salada”, es el mayor de los tres hermanos .Estudió en la Escuela de Hostelería de Girona.

Considerado uno de los mejores restaurantes del mundo, El Celler de los hermanos Roca es considerado un restaurante ‘de culto’, uno de los abanderados de la cocina vanguardista española y pioneros en la cocina de las emociones.  

Joan define su cocina como el resultado de la memoria y de lo aprendido en viajes. También es tradición con pinceladas de cocina técnica. No se puede olvidar el aporte de la cocina del vino.

En el mesón de El Celler convive diariamente un trabajo de investigación culinaria. Una parte trabaja por cultivar la tradición catalana en cada plato, otra, nos impulsa a contemplar paisajes en cada uno de sus platos: una gamba descansando en la playa, un lenguado tomando el sol en una transparente laguna de vinagreta de ajos, un rábano recostado en tierra húmeda.

Pulpitos al humo de pimentón de la Vera

Es así como un postre a base de leche de cabra puede evocar ternura, unas gotas de bergamota cítrica nos incitan a la felicidad, e incluso la tierra húmeda, llama a la melancolía de la infancia.

Y qué decir de las rosas que nos hacen sentir femeninas, o la menta nos hacen sentir eufóricos.

El concepto es básico: entender la creatividad como una manera en que los hermanos Roca transmiten sus sentimientos a sus comensales y no sólo reconfortan su alma sino su espíritu.

Jordi, el menor, es el encargado de ‘darle vida’ a postres a partir de perfumes; a Josep, el del medio, le corresponde llevar la batuta de vinos y licores; y Joan, el mayor, dirige la cocina.

Joan ha sido invitado por el chef Gastón Acurio a varias ferias Mistura celebradas en Lima. En una de ellas, presentó un taller sobre la cocina de los estados de ánimo y ejemplificó cada sentimiento con una receta.

 Asegura que admira profundamente tanto la cocina peruana como la brasileña por la variedad de productos y técnicas que ofrece, y sobre todo, por contar con esa ‘despensa amazónica’ a la vuelta de la esquina.

Elgourmet.com Colombia conversó en exclusiva en Lima con uno de los genios culinarios del siglo XXI.

M.C.R. ¿De qué manera Latinoamérica complementa tu estilo culinario?

J.R. El estilo de un cocinero es un cúmulo de vivencias e influencias de sus viajes, de sus conocimientos acerca de la cocina propia y externa. Los viajes que he hecho a Suramérica me han abierto la mente; esos aliños rápidos de los cebiches, esos puntos picantes de los ajíes, ese juego establecido entre lo crudo y lo cocido. Todo esto influye en tu forma de cocinar. Aunque hagas una cocina local con productos locales, tu cocina acaba siendo universal porque le aportas todas tus vivencias.

El proceso creativo de el Celler funciona desde tres puntos de partida de acuerdo a su orden de importancia. El primero es la cocina tradicional catalana, nuestra cocina propia, la cocina de la memoria. El segundo punto es la cocina del vino como elemento para dar pistas a la hora de hacer una combinatoria terminada en un plato. El tercero es la cocina de los aromas en donde Jordi ha desarrollado una línea de postres extraordinaria basada en la complejidad de los perfumes.

Todo esto conforma una forma de crear un plato donde interviene la técnica de hacer candies de Jordi; la combinatoria de los aromas que se perciben en un vino de Joseph; y cómo componer todo esto y montando un plato que tenga un equilibrio de sabores y de aromas, que tenga sentido y sea rico.

M.C.R. ¿Cómo son los postres creados con perfumes?

J.R. De la misma manera que un vino tiene notas de determinados productos que nosotros podemos usar en cocina, hay muchos perfumes femeninos que tienen notas de flores, especias, hierbas y frutas. Esto ha llevado a desarrollar una línea de 20 postres entre los que se encuentran de Trésor de Lancôme, Angel de Thierry Mugler, y Envy de Gucci. Existe un hilo conductor muy interesante entre la pastelería y los aromas que un perfumista reunió para conseguir un perfume maravilloso que da pie para desarrollar un postre.

M.C.R. ¿Para capturar las esencias de estos perfumes realiza un proceso de destilación?

J.R. La técnica de destilación la usamos para varios procesos. En el caso de los perfumes, intentamos usar productos naturales, por ejemplo frutas convertidas en un sorbete, helado, gelée, compota, coulis o granizado. Si el perfume tiene notas de mandarina, hacemos un sorbete de mandarina.

M.C.R. Al igual que nos vinos, los perfumes tienen aromas primarios, secundarios y terciarios. ¿En los postres se pueden percibir estos aromas?

J.R. Claro. El postre tiene un equilibrio y composición en cuanto a sus elementos y hay que saber cómo vamos a elaborar cada uno de ellos. La naranja por ejemplo, va a ser un sorbete o una gelatina dependiendo de la importancia que tenga dentro del postre, y esto la catalogación en cuestión de aromas que se desarrollan en el perfume. Las notas más altas son las que está más presentes en un postre.

M.C.R. ¿Cuál es el plato insignia con el que vas a trascender en el tiempo?

J.R. Todos los platos son como hijos. No sabes a cuál quieres más. Seguramente me recordarán por desarrollar la cocina al vacío.

Gamba en la arena

M.C.R. Describa un producto, una técnica y una salsa que refleje tu estilo culinario

J.R. El producto es el aceite de oliva. La técnica, la de cocina al vacío; y la salsa: el alioli, que consiste en una mayonesa con ajo.

M.C.R. ¿En qué consisten sus talleres de estados de ánimo?

J.R. Se trata de una teoría en la que establecemos una relación con aromas y estados de ánimo. El aroma de la tierra húmeda lo hemos convertido en un ingrediente de nuestra cocina, que es el destilado de tierra el cual evoca la melancolía y la nostalgia. También jugamos con los cítricos en los postres para evocar alegría, y con el sabor de la leche de oveja que evoca ternura. En el tema de aromas, hemos desarrollado el de humo de parrilla incorporado a bolas de caramelo y campanas el cual trae recuerdos de estar con nuestros seres queridos alrededor de una fogata.

M.C.R. ¿Cuáles son las características de tu cocina?

J.R. Lo que hace representativa nuestra cocina es que partimos de una cocina tradicional catalana muy arraigada, que tiene un gran respeto por la evolución, por la técnica, y por el diálogo con la ciencia. Hace que podamos desarrollar la cocina al vacío, los destilados y la conducción de los humos como elemento de complejidad olfativa. La cocina del vino es otro elemento importante de nuestra propuesta, que nos hace particulares, distintos a los demás.  

Lenguado a la brasa con sabores mediterráneos

M.C.R. ¿En qué se diferencia su propuesta de la de Ferran Adriá?

J.R. Son cocinas que tienen una gran proximidad geográfica. Somos amigos, tenemos relación desde hace varios años y hemos evolucionado en el mismo tiempo y espacio. Quizá la diferencia es que Ferran va en un carro de Formula 1 y en la primera posición desde hace muchos años y nosotros vamos a un ritmo más tranquilo en lo que se refiere a los procesos de invención, de conceptos y de técnicas.

M.C.R. Defina la cocina catalana

J.R. Es nuestro punto de partida, es la cocina con la que aprendimos a cocinar y que nos hizo decidir que queríamos ser cocineros. Es compleja también por territorio por el que han pasado muchas civilizaciones. Además tenemos un clima en donde que produce gran variedad de ingredientes. Es rica en pescados y frutas, en carnes y vegetales.

M.C.R. Nómbrenos algunos platos tradicionales de la cocina de Girona

J.R. Guisos de jarrete, ternera con setas, pato con nabos, oca con peras, manitas de cerdo con caracoles, pollo con cigalas, pollo con langosta y calamares rellenos de carne. Como ves, es una cocina de mar y montaña porque Girona está a 50 Km. de la montaña y a 40 del mar.

Frases para no olvidar

“La cocina es dar, es compartir, es afecto, es generosidad, son ganas de hacer feliz a la gente que viene a tu restaurante y también a la gente de tu entorno, sin generar en ningún momento competitividades”.

“Parece que la sociedad quisiera que los cocineros del mundo nos enfrentemos y estos rankings hacen que corramos ese peligro. Pero no lo van a conseguir, porque seguiremos siendo amigos”.

“Disfrutar de la comida es igual que disfrutar de la música clásica. Tienes que conocerla, conocer sus matices y disfrutar mucho más. Si sabes más disfrutarás más”.

El encanto de Jamie Oliver

Cocina sin uniforme, prueba las salsas con el dedo e invita a sus amigos y familiares a participar en sus programas de televisión. Fenómeno mediático o culinario, Jamie Oliver es la estrella gastronómica más aclamada del Reino Unido gracias a su estilo descomplicado que acerca la cocina hasta al más escéptico.

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Ha realizado programas de televisión, publicado más de 10 libros y DVDs; es dueño de restaurantes, asesor culinario y creador de una línea de productos gourmet y gadgets de cocina.

Su filosofía es tan sencilla como su cocina: divertirse, probar lo que se prepara, equivocarse ‘al aire’ y no estancarse demasiado en los detalles.

A su corta edad ha desbancado a los chefs más populares de la televisión británica y ha conseguido convertirse en uno de los personajes más queridos de su país.

Este chef ‘atípico’ nacido en las afueras de Londres, estudió en Westminster Catering College y realizó algunos cursos en Francia.

Al regresar de nuevo a Londres trabajó como chef pastelero en restaurantes de renombre como The Neal Street Restaurant y River Café en donde aprendió a preparar cocina fresca, honesta y deliciosa con alto grado de esfuerzo y dedicación.

Fue a finales de los años 90 cuando Jamie tuvo su primer encuentro con las cámaras de televisión. Los editores de un documental sobre el restaurante en donde trabajaba  fueron los encargados de descubrir a este ‘chico descarado’ que se desenvolvía en la cocina de una manera genuina y auténtica nunca antes vista, convirtiéndose en un personaje ideal para presentar un programa de cocina.

Fue tal la aceptación de su estilo poco ortodoxo y relajado que un día después de la emisión del programa, Jamie recibió llamadas de varias productoras que le ofrecían ser el anfitrión de su propio programa.

Fue así como en 1999 revolucionó el concepto de shows gastronómicos con “The Naked Chef” en un intento por desnudar la cocina hasta sus elementos esenciales para demostrar a su público que no se necesita encubrir los ingredientes para cocinar sabroso.

De esta manera comenzó a socializar la cocina para pudiera ser disfrutada en casa rodeada de familia y amigos. “Jamie at home”, “Ministry of food” y “Jamie’s Kitchen” son algunos de los aclamados show que lo han llevado a la fama alrededor del mundo.

En cada uno de ellos inspira a las personas comunes y corrientes a volver de nuevo a la cocina de la casa y preparar ‘de la nada’ recetas simples y deliciosas.

Poco a poco Jamie se ha encargado de recuperar las raíces de la gastronomía británica e italiana, enseñando a hacer desde un puré de papa hasta una fresca ensalada con los ingredientes que tiene sembrados en la huerta de su casa, ofreciendo una variedad de posibilidades gastronómicas nutritivas y sencillas para cada día de la semana.

Su éxito radica en mostrarse tal y como es: un tipo común apasionado de la comida que sabe mezclar la cultura y el estilo de vida londinense en cada una de sus originales preparaciones, desde risottos y carpaccios hasta tradicionales pastas.

M.C.R. ¿Cómo te diste cuenta que querías ser chef?

J.O. No era muy bueno en el colegio porque sufría de dislexia pero los profesores no se daban cuenta. Pensaban que era estúpido. En lo único que era bueno era en trabajar la madera. Mi madre y padre administraban un restaurante pub llamado The Cricketers ubicado en una pequeña villa llamada Clavering. Afortunadamente mi padre me dejaba ayudarle en la cocina y fue así como comencé a aprender a cocinar y a disfrutar haciéndolo. Cuando tenía siete años ayudaba en la preparación de vegetales, pelaba papas y desgranaba arvejas. Cuando cumplí 11 ya podía hacer un pollo asado sin ayuda. Siempre vi la cocina como un lugar acogedor en donde todos trabajan juntos alrededor de un adorable plato mientras pasaba un buen rato.

M.C.R. ¿Quienes fueron tus maestros?

J.O. Mi papá fue mi principal maestro. Por otro lado cuando comencé a trabajar en Neal Street Restaurant, conocí aun hombre maravilloso que se llama Gennaro Contaldo el cual se convirtió en mi mentor y mi querido amigo. Yo me convertí en su protegido. Vale la pena mencionar que Gennaro es el chef ejecutivo del restaurante Passione en Londres y ha estado conmigo en algunos de mis programas.

M.R.C. Qué es lo más divertido y/o embarazoso que le ha pasado en un restaurante siendo chef y/o comensal?

J.O. Trabajar en la cocina de un restaurante es muy pesado, sin embargo siempre hay que tratar de mantener un buen sentido del humor.

Lo más embarazoso que ha sucedido fue como comensal en un restaurante. Cuando el chef supo que yo estaba ahí me envió un plato que él pensaba que era espectacular cuando realmente no lo era. Tuve que hacerle creer que estaba delicioso.

M.C.R. ¿Qué menú preparas cuando estás en tu finca a las afueras de la ciudad con su familia?

J.O. El menú que comparto en familia un domingo consiste en pollo asado o un hermoso codo de cerdo tostado acompañado de vegetales asados.

M.C.R. Sabemos que una de tus cocinas favoritas es la italiana. ¿Qué otra cocina te apasiona y por qué?

J.O. Siempre he amado los sabores y versatilidad de la comida italiana,  además se convirtió mi especialidad después de trabajar en Neal Street Restaurant y River Café. La otra cocina que me apasiona es la hindú. También disfruto de la española y por supuesto, de la buena cocina británica de antaño.

M.C.R. ¿Cómo facilitar el acto de cocinar teniendo solamente ingredientes básicos?

J.O. Por ejemplo uno de los platos que más disfruto preparando en casa, es una simple pasta con tomates enlatados, ajo, aceite de oliva, un poco de ají y aderezo. De esta manera trato de preparar todas las recetas de mis libros y cerciorarme de que sean ante todo fáciles de preparar.

Los platos más sabrosos se preparan utilizando ingredientes básicos. Cocinar no debe ser un asunto complicado.

M.C.R. Define el estilo culinario británico

J.O. Desde hace 10 años la cocina británica ha venido reviviendo. Solíamos reírnos de cómo nuestros amigos extranjeros decían que no podíamos ni sabíamos cocinar, pero ahora tenemos chefs y cocineros grandiosos en el Reino Unido.

La gente piensa que la comida británica es solamente fish and chips y pies pero estos ejemplos son solamente la punta del iceberg y si te pones a pensar, unos buenos fish and chips y un buen pie bien preparados son platos exquisitos.

M.C.R. ¿Qué hierbas o vegetales tienes sembrados en la huerta de tu casa? Comparte algunos consejos para hacer una mini-huerta en un departamento

J.O. Tengo en mi huerta todo lo que se puedan imaginar, desde variedades de ajíes hasta fresas, menta y repollo. Por el momento el jardín no luce “tan brillante” porque acabamos de pasar un duro invierno del cual solamente sobrevivió una de otra hortaliza. Si viven en un departamento muy pequeño, cultiven hierbas aromáticas, ajíes e incluso tomates cherry en una matera y ponerla en el balcón o en el borde de una ventana. De esta manera podrán tener ingredientes frescos ‘al alcance de la mano’.

M.C.R. ¿Cuál ha sido la mejor experiencia durante tus viajes alrededor del mundo?

J.O. Acabo de regresar de pasar un tiempo con los indios Navajo en los Estados Unidos. Fue una experiencia inspiradora, sin embargo siempre he pasado espectacular en todos los lugares que he visitado.

Mi inspiración viene de mis viajes y amigos pero para ser honesto, todo el día estoy pensando en comida, ¡hasta me sueño con ella!. De esta manera vienen a mi mente ideas para nuevos platos o modificaciones a platos ya establecidos.

M.C.R. ¿Cuál es el mejor lugar para comer en Londres aparte de sus restaurantes?

J.O. Me encanta comer en Theo Randall en el Intercontinental y en Mark Hix Place en Farringdon.

Jaime ‘al desnudo’

El plato que no le gusta

Vísceras.

Su ingrediente favorito

Los ajíes.

La receta que más le gusta preparar

Estofados y pie de pescado.

Su estilo culinario

Delicioso, fácil de preparar, mediterráneo y muy británico.

Lo que no puede faltar Un mortero de piedra, aceite de oliva y hierbas frescas.  

La complejidad de lo sencillo: Entrevista a Andoni Luis Aduriz

El chef Andoni Luis Aduriz es el precursor de la cocina naturalista y maestro de la cocina de Mugaritz. Habló sobre sensibilidad, hierbas litorales y la conexión íntima de sus platos con el entorno vasco.

Artículo publicado en Revista Luxury Star, Colombia

Quienes han trabajado en la cocina de Mugaritz aseguran que el chef Andoni Luis Aduriz supo conectarlos con su sensibilidad de una forma casi genial.

Tal es el caso del chef argentino Gastón Vicenti, director de la carrera de cocina del Colegio de Cocineros Gato Dumas en Bogotá, quien realizó sus pasantías en este restaurante en 2005.

Vicenti entendió, de la propia boca del chef donostiarro, este complejo pero a la vez sencillo concepto, que debe ser debidamente transmitido a todos comensales por parte de cada cocinero. De lo contrario, no se están haciendo bien las cosas y punto.

En una ocasión, Vicenti tuvo que recoger tréboles oxalis en un monte cercano a Mugaritz para preparar una ensalada en pleno invierno. Mientras la elaboraba, el chef Aduriz le dijo que su técnica estaba bien al igual que el montaje, pero que le faltaba algo al plato. Lo anterior lo dejó absorto.

La ensalada se despachó, pero esa noche Aduriz puso a Vicenti a prepararla de nuevo. Le vendó los ojos y le hizo probarla a conciencia.

¿Qué te hace sentir?— le dijo.


El sabor de los tréboles oxalis que recogí personalmente chef— le respondió Vicenti.


¿Pero a dónde te traslada?— preguntó de nuevo.

Al monte que está allá atrás— aseguró.

Anduriz le contestó: “Eso es a lo que debe saberle al comensal, al monte de atrás. Y el cocinero es el encargado de conectarlo íntimamente con la naturaleza, de la misma manera que tu te trasladaste al lugar después de probar la ensalada. Así de sencillo tiene de complejo”.

La sensibilidad, junto con la naturalidad y la pureza de los sabores, son los conceptos que sustentan la propuesta gastronómica de este restaurante vasco abierto desde 1998 y que ocupa con orgullo el tercer lugar en la lista de los mejores restaurantes del mundo de la guía San Pellegrino y la revista británica Restaurant.

Para Anduriz, discípulo de grandes cocineros españoles como Arzak, Subijana, Berasategui y el propio Ferran Adrià, los comensales vienen a Mugartiz a disfrutar y a encontrarse con opciones, caminos y lenguajes nuevos; vienen a divertirse y a descubrir.

“Nuestra cocina es abierta, pensada en estimular a los comensales que están aburridos de lo mismo y que realmente quieren indagar”.

Respecto a la naturalidad, esta se ve reflejada en el uso de productos del entorno vinculados al medio y a la cultura. “Trato de que sean ingredientes del día, por eso no hay carta en el restaurante”, asegura este chef de 40 años, amante de la botánica. Ahora se encuentra investigando y documentando más de 30 hierbas de litoral entre las que se encuentran el junco marino y la manzanilla marina para promulgar su cultivo y domesticación.

Durante la mañana, el equipo de Mugaritz va al mercado, compra lo que le interesa y la cantidad disponible.

Cuando llega el producto al restaurante –por ejemplo, un puerro–, tratan de manipularlo lo menos posible y solamente lo cortan en el momento más cercano a su consumo. Luego, lo cocinan evitando romper la cadena de calor: es decir, empiezan a prepararlo, le dan un reposo y ‘lo terminan’ en el plato.

La pureza de sabores, el tercero de los pilares, se apoya en la tecnología para cumplir a cabalidad los deseos del cliente: que las cosas sepan a lo que son. Mediante la utilización de una olla al vacío con temperatura incorporada, hacen caldos y sopas a 25°C (por debajo de los 100°cC.

“Puedo hacer que la sopa de puerro sepa a puerro crudo. El problema es que la gente que quiere que las cosas sepan a lo que son, en el fondo se refiere a que las cosas deben saber a lo que él cree que son”.

¿Quién tiene la razón si somos seres adictos a los prejuicios y asumimos lo que conocemos como la verdad absoluta?

Un puerro cocido no es un puerro presentado en forma natural, a diferencia de un puerro crudo. Por eso la sopa de puerro en Mugaritz debe saber a puerro crudo. En otras palabras, a Andori le interesa que su comida sea lo que es, no lo que dicen que es.

“Partimos desde la perspectiva creativa de una hoja en blanco pensando en que nuestro trabajo está orientado en generar una experiencia. Queremos que la gente coma distinto y se lleve cosas interesantes”.


¿Qué hierbas y hortalizas siembra en la huerta?

A.L.A: Las que no encuentro en los alrededores como tubalghias, ajo de oso, geranios olorosos, aceveras, más o menos 100 variedades. Las recojo minutos antes de servirlas en el plato, así me comprometo éticamente con mis comensales. Respecto a las hortalizas, consumo productos de mi entorno porque si no les compro los tomates y estimulo a los productores a que me provean de productos de calidad, se perdería lo que este restaurante pudiera llegar a dar”.

En Mugaritz establecen una conexión íntima con la naturaleza que promueve el movimiento Farm to Fork...

A.L.A: Cuando hablamos de movimientos vinculados a la alimentación que trascienden lo gastronómico se me viene un cuestionamiento: ¿cómo vamos a plantearnos el futuro si seremos 8.000 millones de habitantes, en donde la mitad de la población vivirá en núcleos urbanos? Nuestra aspiración es que el planeta coma en condiciones autosostenibles respetando los entornos. culturales y biológicos.

Me refiero a que hay que ayudar al desarrollo de otras comunidades, por ejemplo, promover el café colombiano. No puedo ser extremista y consumir solamente productos de mi ambiente, pues me estaría perdiendo de tomar café de calidad. No es tan fácil decir que solo consumimos productos del campo si la mayoría de la población vive en las ciudades.

¿Cómo es la relación con los productores de su entorno?

A.L.A: Ellos conviven en una situación complicada. A los supermercados están llegando productos parecidos a los que se consumían tradicionalmente pero más baratos.

Nos están vendiendo un modelo de industria alimentaria que promueve que la calidad no es cara. La consecuencia es que los productores tradicionales se dan cuenta que no pueden competir con grandes empresas.

Debemos convencerlos a ellos y al consumidor que detrás de los productos auténticos hay un valor añadido reflejado en lo sensorial, en la calidad, en lo cultural y hasta en lo paisajístico. El país vasco, por ejemplo, está rodeado de campos verdes con ovejas. si en vez de amparar a estos 130 productores de queso de oveja que se elabora desde hace miles de años, lo cambiamos por un queso producido a partir de una oveja de laboratorio, desmontaremos un entramado ancestral”.

La cocina está volviendo a lo básico. ¿Qué sucederá con la cocina tecnoemocional?

A.L.A: La tecnología puesta a la disposición de la cocina siempre va a mejorar la elaboración de esta. Sin embargo, cada vez que hay un avance se presenta una reacción contraria cargada de ignorancia e intereses. La gente siente temor ante lo nuevo y olvida que toda la gastronomía es cocina molecular, desde pelar una manzana que en minutos se oxida. Este es un proceso molecular desde una perspectiva científica, lo mismo que freír un huevo o cocer un arroz: todo en la cocina tiene una perspectiva científica.

Defina su cocina de conceptos sin restricciones

El cerebro es una órgano que compara lo que percibe a través de los sentidos con lo que conoce. En el marco de este proceso evolutivo, trata que el ser humano sobreviva y se preserve diferenciando los alimentos que podrían matarlo de los que no. Lo que hace el cerebro es comparar aquello que ve con lo que reconoce y, desde que el humano nace, solamente reconoce como buena la comida de su madre y de su abuela. Por esta razón la cocina tradicional tiene una influencia tan importante en el marco de los perjuicios: porque está relacionada con su parte biológica y cultural.

De antojos

Columna de opinión publicada en Avianca en revista, Colombia

Quiero relatarles una escena que hace parte de mi cotidianidad. Despierta en mí, pasiones y antojos irresistibles a tal punto de obligarme a poner pausa a la película, levantarme de la silla, caminar hacia la cocina e ir a esculcar la nevera o la despensa con la esperanza de encontrar mi objeto de deseo. En el mejor de los casos, encuentro la versión que más se aproxime a él.

Durante el transcurso de este proceso que parece tardar horas, aumenta mi ansiedad gustativa, producto de la estimulación a la que fue sometido mi cerebro al disfrutar inconscientemente de una película, no necesariamente catalogada como gastronómica.

¿Cómo no salir corriendo a calentar una olla con agua después de ver a los capos de Corleone relamerse con su plato de pasta con albóndigas el cual devoran de manera voraz y gustosa en El Padrino?

¿Cómo no acabarse el queso parmesano de la nevera después de ver a Meg Ryan en Beso Francés, esparcir un sensual camembert que se derrite con elegancia sobre una baguette crocante? Aunque después venga la famosa frase: lactose intolerance.

¿Cómo no hurgar la alacena así sea para encontrarse con una maternal chocolatina Jet –o en el peor de los casos con una pastilla de chocolate—, después de ver a Juliette Binoche morder una jugosa trufa de chocolate amargo en Chocolat?

Acudiré a cualquier recurso gastronómico con tal de quitarme el antojo, no sin antes preguntarme qué sucede en mi cuerpo –además de mi carácter goloso—.

Más allá de entender que mi cerebro envía estímulos a mis glándulas salivales –las cuales despiertan el apetito— pienso que es una fijación gustativa el estar pendiente de lo que comen y toman en las películas, ya que también me sucede con los vinos.

Cuando veo Entre copas quiero disfrutar de un pinot noir californiano mientras converso con Maya; en Un buen año ayudar al tío Henry a catar el vino producido en su château en La Provenza. Disfrutar del maridaje de brandy con bombones de chocolate con Anthony Queen y Keanu Reeves en Un paseo por las nubes.

Estoy segura de que quienes están terminando de leer esta columna ya están antojados de algún gustillo que aparece en las películas a bordo: ojalá su capricho se haga realidad cuando llegue el menú.  

Con las manos

Columna de opinión publicada en revista El Espectador, Colombia

Bien lo decía Manuel Carreño en su Manual: “es impolítico excitar a una persona a que tome con las manos la comida que debe tomarse con tenedor o cuchara…”.

Pero quien no haya comido con las manos, que tire la primera piedra. No existe nada más delicioso que deshojar una alcachofa parrillada con sal marina, aceite de oliva y ajo, y luego disfrutar de ese aroma que se impregna en la punta de los dedos.

Lo mismo sucede con arepas, empanadas, amasijos, perros calientes, pollo frito, hamburguesas, duraznos y ciruelas que no me imagino comiendo a punta de cuchillo y tenedor.

Quizás Carreño en su afán por preservar los buenos modales –en la mesa y en el juego se conoce al caballero ‘y a la dama’—, privó de acercarse a su cena de una manera íntima y genuina, a las generaciones de nuestros padres y abuelos.

No pudieron gozar con los cinco sentidos de una experiencia gastronómica que involucra siempre el olfato –no veo nada de malo en acercar discretamente la nariz al plato—, y el tacto. Nuestras pinzas naturales siempre serán los dedos.

En algunas ocasiones no utilizamos nuestros dedos para sostener la comida, tal vez en un intento por preservar el legado de Carreño, y nos negamos a disfrutar de alimentos que obligan a usar las preciadas extremidades, como una arepa con queso.

Por supuesto que el protocolo en la mesa debe mantenerse en cenas de gala y cenas que lo exigen, pero veamos otros escenarios más cotidianos: los mexicanos disfrutan de sus tacos tomándolos con la mano y los indios las usan para comer sus curris.

Así que la próxima vez que sintamos el instinto de tomar un alimento con las manos o de introducir con prudencia nuestra nariz en la copa no seamos puritanos: ¡botemos la primera piedra!

La experiencia táctil no se le puede negar al ser humano que fue diseñado para vivir la realidad a través de los cinco sentidos, y estos deben estar presentes alrededor de cualquier mesa, desde la más humilde hasta la más sofisticada.

Del cultivo al tenedor

Artículo publicado en Avianca en revista, Colombia

Este movimiento culinario está causando revolución. Preste atención al menú: encontrará que los platos incluyen el nombre de la granja o jardín culinario de donde provienen sus ingredientes.

No importa si se trata de un restaurante fine dining de Nueva York, uno francés con estrellas Michelin o uno en el jardín de una casa en San Francisco -como el de Paul en la película The Kids are all right.

Lo importante es que se encuentra cenando en un Farm to Fork Restaurant que apoya a pequeños productores locales y restablece el contacto del comensal con los productos que ofrece la tierra.

Volviendo al campo

El movimiento Farm to Fork marca la tendencia de la cocina mundial. Su origen se remonta a la década de los 70 cuando chefs y agricultores se rebelaron en contra de convertir la agricultura en un negocio, seguido de las comidas procesadas y del fast food que se apoderó de las mesas.

Cuatro décadas después, para muchos seguidores va más allá de una tendencia gastronómica convirtiéndose un estilo de vida.

Un ejemplo de ello es la chef Alice Walters, considerada la madrina de este movimiento. En 1971 dio fe de ello abriendo su restaurante Chez Panisse en Berkeley, California.

Alice asegura que la única regla que no puede romper es dejar de utilizar ingredientes de temporada frescos y de calidad.

Durante este tiempo, ha permitido que agricultores y artesanos culinarios locales, ofrezcan los productos del día en Chez Panisse.

De hecho, cada cena que confecciona es elaborada con lo mejor que ofrece la tierra y el mar californiano, como aquel delicioso róbalo con hinojo acompañado de zucchini relleno.

Un ejemplo a seguir

Walters ha cambiado el paladar de los americanos según el diario The New York Times.

Alice ha sido fuente de inspiración de personajes como Michelle Obama con quien diseñó un jardín culinario en la Casa Blanca, además de serlo para sus aprendices y cocineros que imitan sus pasos.

Para comenzar, sus pupilos Judy Rodgers y Gilbert Pilgram, abrieron Zuni Café en San Francisco. Al mismo tiempo, Sally Clarke, uno de sus protegidos, inauguró en Londres Clarke’s y se ha hecho famoso por su menú del día sin opción de carta.

Incluso, Jamie Oliver, el famoso chef británico, acepta que la chef Alice ha influenciado su estilo culinario. “Es la reina de la comida simple, saludable y sabrosa”, asegura.

El legado Farm to Fork

La buena cocina tiene su origen en la calidad de sus ingredientes y los buenos ingredientes provienen de buenas granjas.

Como consecuencia, la familia Barber abrió en 2000 el restaurate Blue Hill en Nueva York. El menú ofrece productos locales inspirados en la cosecha de la semana provenientes de la granja Stone-también propiedad de los Barber y ubicada a 30 millas al norte de la capital-.

Si bien la huerta comenzó en los años 60, han mantenido la creencia de preservar una conexión íntima entre el ingrediente cultivado que luego es llevado al plato.

Comenzaron sembrando sus propios productos para luego cocinarlos y compartirnos en familia, adquiriendo una verdadera pasión por la agronomía. Hoy, la granja Stone es templo de gallinas, cerdos y vacas que disfrutan de la libertad en sus pastizales.

Por su parte, el restaurante L’Arpège (tres estrellas Michelin) liderado por el chef Alain Passard, es el templo esta corriente culinaria a tal punto que una de las decisiones radicales del chef fue suprimir la carne roja de su menú, expresando que deseaba explorar los vegetales. Por eso los productos utilizados en sus platos provienen de su huerta ubicada a las afueras de París.

Jardines culinarios

La tendencia más vanguardista de Farm to Fork es que de los restaurantes cultiven sus productos en jardines culinarios a las afueras de la ciudad.

En el restaurante The Field Kitchen por ejemplo, el chef Gut Watson, ya no duda acerca de la procedencia de los ingredientes que utiliza para sus preparaciones, puesto que los ha visto crecer con sus propios ojos.

Es más, su restaurante está rodeado de cultivos de lechugas y espárragos y ofrece un tour para que los comensales conozcan de antemano los ingredientes que degustarán.

Otra huerta culinaria famosa es Petersham Nurseries, ubicada al sur de Londres en donde el comensal disfruta de un plato de raviolis rellenos de acelgas y ricotta de oveja, rodeados plantas, flores y perfumadas hierbas.

¿Es necesario saber de dónde provienen los espárragos que comemos? Tal vez para algunos se trate de una moda pero para otros es una forma de vida que beneficia tanto a agricultores locales como a comensales que valoran y aprecian su plato después de conocer de antemano su terruño de estirpe.

Por eso la próxima vez que visite un Farm to Fork Restaurant y lea el nombre de la granja o del agricultor que cultivó su cena, no dude en disfrutarla más aún.

Slow Food y los Campos Eliseos

Los italianos y franceses también se han revelado: los primeros con el movimiento Slow Food a mediados de los 80, considerado un gesto de rebeldía contra la apertura del primer Mc Donald’s en Roma.

Por su parte, jóvenes agricultores franceses se tomaron los Campos Eliseos recreando un campo con cultivos y ganado y generando conciencia acerca de la importancia de los agricultores encargados de alimentar a los parisinos. 

Mi segundo bautizo

Columna de opinión publicada en revista Paladares, Colombia

Jamás pensé que pasados los 30, iba a ser ‘bautizada’ de nuevo. En esta ocasión, el padre Anaya no oficiaría misa ni habría inmersión de mi cabeza desplumada en el pila de agua bendita.

Ahora tenía frente a mí, tres tazas de café vacías, que se fueron llenando al inicio del ‘acto litúrgico’.

En la mesa también reposaba un librillo teórico práctico, cuatro copitas aguardienteras con líquido transparente en su interior y un vaso de agua. Me encontraba ante mi primer bautizo cafetero.

Gustavo Villota, el connaisseur de café San Alberto, inició mi rito de admisión a la cultura del café de calidad con un ejercicio: identificar los sabores que se encontraban en las tres copitas. El primer sorbo fue salino, el segundo me recordó a la glucosa del examen de glicemia, el tercero apretó los costados de la lengua, y cuarto me amargó el día.

Primera enseñanza: solo encontraremos tres sabores en una buena taza de café: dulce, amargo y ácido. La buena acidez lo más importante de identificar en un café, siempre y cuando sea balanceada. Es también un rasgo particular del café colombiano.

Aprendí que al igual que en el vino, existen grupos aromáticos que ayudan a valorar nuestra bebida. Se trata de los terrosos, frutales, vegetales, amaderados, especiados, florales, tostados, animales y químicos. Ojo: estos últimos son inadmisibles en una buena taza de café premium. Bienvenidos los aromas tostados, a miel de maple, tierra y cítricos.

El tiempo pasaba y notaba que me mi alma se iba purificando de todo ese café de greca que he tomado en mi vida, y que he tenido que absorber por protocolo. Aprovecho para citar la más divertida pero a la vez precisa impresión expresión del escritor colombiano Daniel Ferreira, para referirse al tinto de greca: «sabe a escarabajo».

Gustavo habló también de las etapas por las que ha pasado el consumidor de café en nuestro país, Colombia. La primera fue tomar café por funcionalidad, es decir lo tomábamos por salud, porque teníamos frío o cuando comenzábamos a bostezar. Luego vino la etapa del disfrute a través del consumo de bebidas mezcladas.

Ahora el consumidor colombiano se encuentra en la etapa del aprecio por una bebida balanceada, fragante, de acidez balanceada y sabor placentero.

Probé mi primera taza y me supo a escarabajo. Enseguida degusté las otras dos y se postró ante mí una revelación: Existen cafés con aromas dulces, afrutados, a caramelo y chocolate oscuro; de acidez frutal y elegante. Mi paladar había sido bautizado.

La mejor manera de finalizar esta experiencia es compartiendo algunos tips para disfrutar de una café premium. Usen ocho gramos de café por 100 mililitros de agua, muelan su café en casa, inviertan en un café de calidad para todos los días: no dejemos siempre lo mejor para «la visita.»

Y lo más importante: un café honesto no necesita que lo disfracen agregándole azúcar o leche. Puro es y puro se consume.

Menú de funeral

Columna de opinión publicada en Avianca en revista, Colombia

Dicen que la comida acompaña todos los momentos de la vida. Siempre está presente en reuniones, fiestas, homenajes, agasajos, celebraciones, cocteles, atenciones, o simplemente, al momento de restaurarnos, al menos tres veces al día.

Nos sentimos atraídos por llevar un delicioso bocado a nuestra boca, somos de naturaleza golosa, menos en una sola ocasión.

Cuando alguien cercano muere, cualquier manifestación culinaria se rechaza de inmediato, y se destina, por un tiempo, al más olvidado de los rincones.

Jamás entenderé los funerales norteamericanos. Después de enterrar al difunto, se encuentran en la casa de sus parientes para compartir un generoso buffet –estilo cóctel– que amigos y familiares ofrecen. Me pregunto a qué hora preparan esta gran cantidad de comida y cómo tienen ‘cabeza’ para hacerlo.

La mesa generosa exhibe, al igual que lo hace en Thanksgiving o Navidad, pasabocas, sándwiches, quesos y jamones, postres, platos fríos y calientes, salados y dulces, hojaldres, frutas, tartas, bebidas, e incluso, preparaciones adoradas por del recién enterrado que jamás podrá disfrutar de nuevo.

Durante esta especie de ‘reunión social’ todos están de pie y cargan sobre su mano un generoso plato mientras dan el pésame y conversan sobre la tragedia de perder a un ser querido.

Quizá sea una forma de expresar el dolor por la pérdida. Otras culturas se reúnen a tomar shots de tequila o aguardiente, como en aquella escena macabra cuando Rosario Tijeras le ofrece aguardiente a su finado amigo. Todos brindan por el fallecido y le desean una mejor vida en el «más allá», mientras cantan sus canciones favoritas entre lágrima y lágrima y recuerdan gratos momentos que compartieron en vida.

Contrario a muchas culturas que comparten unos bocados y copas para solidarizarse con la muerte, nosotros acompañamos a nuestros seres queridos durante la velación con café de greca, agua aromática, botella de agua y una caja de Kleenex.

Estos momentos evocan llanto y vivir un luto, no comer, ni mucho menos repetir. Los más cercanos al fallecido tan solo reciben un par de bocados obligados durante varios días. Su estómago se cierra al vacío. Entra en duelo.

Es el único momento, por el que irremediablemente todos pasamos, en el que la gastronomía no es compatible con el dolor y la muerte.

‘Todo’ nos pasa por la cabeza menos pasar con un plato por un buffet y servirnos suculentas viandas.

Dulce Nonna

Columna de opinión publicada en Avianca en revista, Colombia

Nonna no hay sino una. Sin importar su nacionalidad, siempre esconde entre sus dedos la magia de la tradición, del sabor de hogar y ese gustillo con el cual crecemos y que seguimos buscamos en cada bocado que probamos en el transcurso de nuestras vidas, quizás con el propósito de recordar sus dulces besos.

Muy bien lo explica el chef español Mugaritz: “la comida de tu abuela culturalmente hace parte de tus afectos, jamás te hará daño y siempre te reconfortará”.

De mi nonna recuerdo la sopa de cebada perlada servida en una taza orejera en donde buceaban trozos de zanahoria y arvejas tiernas. Siempre la preparaba los viernes al almuerzo sazonando el resto de mi día.

Hace poco visité en Alessandria, Italia, a otra nonna amiga de la familia: Rafaella Cipparolli.

Al disfrutar de su cocina campesina comprobé que sin importar de dónde sea esa abuela, siempre porta ese toque secreto que es develado a las mujeres una vez se convierten en abuelas consentidoras.

Junto a Rafa disfruté de auténticos almuerzos piamonteses, en especial, uno en casa de su hija en Tortona. La escena culinaria que viví parecía sacada de una película: la otra nonna de la familia llegó con un gelatto di fior di latte de su autoría, y el cura del pueblo, con grissinis recién horneados.

Recuerdo aquella mesa cubierta por una cúpula de vides y ubicada frente a los majestuosos Apeninos. Sobre esta, se encontraba un queso Robiola di roccaverano con aceite de tartufo y una botella de vino barbera sin etiqueta elaborado por il nonno en el sótano de su casa.

Rafa preparaba frente a nosotros una ensalada de pulpo con olivas negras y papa y farinata de harina de garbanzo, mientras disfrutábamos del primi piati: tagliatelle al pesto.

Le siguió jabalí al vino tinto con polenta. Finalmente, la otra nonna que se encontraba presente, explicó que el gelatto fue preparado con la primera capa de la leche y que se acompaña con fruta fresca.

Antes de terminar, il nonno me ofreció un pomodoro coure di buoe que recién había arrancado de su huerta. Me dijo que lo mordiera como si fuera una jugosa manzana.

Ahora entiendo porqué el tomate italiano es una bendición para las salsas; aún cierro los ojos y recuerdo su dulzura, como los besos de mi nonna Beatriz.

De amores y odios

Columna de opinión publicada en Avianca en revista, Colombia

El cerebro es  un órgano flexible que compara lo que percibe –a través de los cinco sentidos— con lo que conoce.

En el marco de ese proceso evolutivo, el órgano más importante del ser humano permite la supervivencia de este en diversos ambientes, desde hostiles hasta reconocibles.

Durante esta evolución, el ser humano ha llevado a su boca cientos de alimentos agradables y desagradables e incluso, aquellos que podrían causarle la muerte por su toxicidad.

En este marco, el cerebro va comparando aquello que ya conocen sus papilas gustativas y lo va comparando con lo que va reconociendo.

Por esta razón el primer mecanismo para reconocer aquellos alimentos que no hacen daño, desde el nacimiento, es la comida que por así decirlo, no nos ha matado y que el cerebro instintivamente reconoce como buena y segura.

Al ser la comida de las mamás y las abuelas, el primer acercamiento a los alimentos que tienen todos los seres humanos, estos sabores de la niñez, son el primer prejuicio que tienen los humanos al momento de rechazar o aceptar ciertos sabores.

De ahí el calificativo de que la mejor comida es la de la casa, dictamen relacionado directamente con la formación cultural y biológica de cada persona.

Andori Luis Aduriz, chef del restaurante Mugaritz en España, lo dice de una manera más sencilla: “ A ti te gusta la comida de tu madre y de tu abuela, no solamente porque es buena y culturalmente hace parte de tus afectos, sino también porque el cerebro identifica que esa comida no te hará daño”.

Curiosamente,  los alimentos más lujosos y costosos del mundo, calificados por los más refinados paladares como los sabores refinados y valorados,  son los que más amores y odios generan entre los comensales.

Cuestión de paladar

El mundo de los sabores es tan subjetivo como el sentido del gusto de los más de 7 mil millones de seres humanos que habitan el planeta.

De esta manera se puede afirmar que cada paladar tiene su propia codificación de sabores.

Existen paladares básicos que disfrutan de una receta sencilla sin mayores pretensiones y condimentos, y existen paladares amantes de los sabores fuertes, que gozan de sabores concentrados y macizos.  Ambos son igualmente respetables.

Las papilas, aquellos órganos sensoriales encargados de percibir los sabores son las responsables de dictaminar si un sabor es aceptado o no.

Esto depende de la repartición de estas en la lengua, del ambiente socio cultural en el cual ha crecido el individuo y en los sabores de la niñez que permanecen en su memoria gustativa.

Fumar, comer muy picante y la edad, son otros factores que pueden alteran la cantidad de papilas presentes, disminuyendo su capacidad.

Dependiendo de su ubicación, las más de 10.000 papilas gustativas detectan mas, cierto tipo de sabores o sensaciones.

Hasta el momento se detectan cuatro sabores: ácido, dulce y salado. Asimismo se está tratando de institucionalizar un quinto sabor, el umami –que significa en japonés sabor gustoso— y está presente en el queso parmesano, las ostras, y la salsa soya y de pescado, entre otros.

Escargots

Este tipo de caracoles de tierra preparados en su concha, gozan de buena reputación en el mundo de los gastrónomos –especialmente sus pies contenidos en el caparazón—.

La receta clásica francesa para confeccionarlos es a base de mantequilla de ajo y perejil picado o a las finas hierba.

Al momento de disfrutar de este bocado, la carne del animal es extraída de su coraza con ayuda una pinza especial de forma curva –que sujeta el caparazón— y de un tenedor muy fino y delgado que extrae el pie.

Los escargots, que en francés significan caracoles, son servidos como entrada en los más prestigiosos bistro del mundo.

Primero son limpiados vivos y posteriormente son llevados a una solución de agua sal o vinagre. Luego se escaldan en agua caliente y son removidos de sus conchas para luego ser lavados de nuevo, cocinados en caldo, depositados de nuevo en sus corazas y llevados al horno.

Además de su alto valor proteico y bajo contenido de grasa, el sabor de los escargots es similar al de cualquier molusco, de textura firme, color claro y frescura notable. Es calificado como ‘de gusto delicado’ y sabor típico del caracol.

Por su textura sospechosa y apariencia babosa, estos caracoles son tan amados como despreciados en los manteles, especialmente para aquellas personas poco simpatizantes del sabor típico de los moluscos.

Quesos azules

Este universo delicioso e igualmente oloroso comprende todos aquellos quesos curados, elaborados a partir de leche de vaca, de oveja o de cabra que contienen penicillium: un hongo presente en forma de vetas azules y gris verdosas.

Este tipo de quesos despiden un olor y sabor penetrante, agradable para algunos y repugnante para otros, a tal punto de compararlo con olor a pecueca.

El más famoso es el roquefort, proveniente de Roquefort-sur-Soulzon y de aspecto moteado y corteza fina y enmohecida. Se identifica por sus vetas azules-verdosas, textura granulosa y untuosa, sabor penetrante, salado y ligeramente picante.

Durante la elaboración de los quesos azules –entre los que también se destacan el Cabrales asturiano, el italiano Gorgonzola y el inglés Stilton –todos protegidos por Denominación de Origen— estos se perforan con agujas para facilitar la entrada de oxígeno facilitando el desarrollo del hongo. Se caracterizan por sus aromas salinos, a champiñones, moho, hierbas, cuero y alcachofas. Son muy utilizados –en proporciones moderadas— en ensaladas, dips y salsas.

Trufa blanca

Desde 1780, el gastrónomo Brillat-Savarin citaba lo difícil que era encontrar las codiciadas trufas en el París de entonces.

Asimismo, compositores como Rossini y Verdi, escritores como Alejandro Dumas y Shakespeare han elogiado las cualidades de este tipo de hongo que se forma bajo tierra en simbiosis con un árbol –refiriéndose e la trufa negra—.

Su secreto radica en el intenso, exquisito y penetrante aroma orgánico –muy molesto para algunos— que incluso lo relacionan con aromas animales, o en descomposición.

Para su recolección, sobre todo en estado silvestre, sigue siendo imprescindible la utilización de un cerdo, aunque también se usan perros amaestrados para detectarlas bajo tierra.

El secreto de esta trufa está en su estado perfecto de maduración que reside en su olor. Al ser tan aromática, es ideal como condimento desde sopas, hasta foie gras, salsas y platos de caza.

Incluso Ferran Adrià aconseja consumirlas  cortadas en rodajas finas y puestas sobre un buen pan decorado con un hilo de aceite de oliva, o fileteada sobre una buena ensalada.

Es en el Piamonte italiano en donde se produce la escasa, única y carísima trufa blanca. Se trata de un manjar cotizado en todos los lugares del mundo –cuyo precio  es 10 veces más caro que la trufa negra cuya libra puede llegar a costar 2.600 dólares— está al alcance de unos pocos. Su particularidad reside en su embriagador aroma “que vuelve locos a los cuerdos”.

Caviar

El pez esturión, de donde proviene en caviar, es el último representante de los peces que poseen huesos en lugar de espinas. Además cinco especies de centurión –de las 20 que existen— habitan en el mar Caspio, y el 90% del caviar que se consigue alrededor del mundo proviene de esas cinco especies.

El caviar de beluga, por ejemplo es muy apreciado por su grano grande y suave envoltura, mientras que el proveniente de la especie Karaburun ofrece un suave sabor a nueces.

Asimismo, el de Sevruga es de incomparable aroma y el de Asetra, es apreciado también por su sabor a nuez.

A pesar de que los sibaritas no ha podido ponerse de acuerdo sobre la manera correcta de disfrutar a plenitud del caviar, se recomienda consumirlo sobre pan tostado, sin sal, con mantequilla y no demasiado frío para poder disfrutar de su aroma –rechazado por algunos por ser extremadamente salino y concentrado—.

Es caviar debe ser claro y brillante y la escala de colores se extiende desde el gris claro hasta el negro al igual que el manteo dorado del royal caviar.

Tras el lavado, los esturiones son abiertos en un aplaca de mármol para extraer el preciado caviar, que se pasa a un recipiente, se pesa y se transporta al laboratorio para su clasificación según los diferentes tipos de calidades. 

Ostras

Desde la antigüedad estas joyas marinas son consideradas un manjar. Su sabor salino y yodado, y especialmente su textura carnosa, babosa y difícil de pasar, la convierten en un bocado poco deseado para muchas personas.

No obstante, quienes aprecian su cualidades, la consideran una exquisitez, una explosión marina acompañada de seductoras burbujas de un champagne.

Suelen servirse sobre una cama de algas o de sal marina y acompañarse de limón, vinagre, y un poco de pimienta negra o blanca recién molida, para poder complacerse con su gusto refinado a avellana y sabor marino.

No obstante, la manera más antigua de disfrutarlas es poniendo el molusco en la boca, ensalivarlo y pasearlo por la boca durante 10 minutos; ubicarlo en el interior de la boca, y romper su hígado liberando un jugo intenso que produce un éxtasis gustativo.

Anchoas

Se trata de pequeños boquerones –capturados entre marzo y junio especialmente en las costas españolas— los cuales son recubiertos en salmuera entre uno y tres días con el fin de desangrarlas –de ahí el porqué algunos paladares las rechazan enérgicamente por su sabor intenso—.

También suelen ser conservadas en aceite de oliva potencializando su sabor típico a pescado e evitar su oxidación.

De textura firme, flexibles y de color caramelizado, son muy utilizadas y apreciadas en la cocina mediterránea, además de ser el ingrediente imprescindible del aderezo de una auténtica Ensalada César.

Gastrónomos y sibaritas suelen disfrutar un par de anchoas sobre un trozo de pan y deleitarse con su sabor marino.

Siempre nos debatiremos entre amores y odios, y aunque muchos rechacemos ciertos alimentos por su aroma, textura o apariencia -aún sabiendo que no nos causarán daño alguno- lo cierto es que entre gustos no hay disgustos. Lo importante es disfrutar y valorar los alimentos que nos agradan, y respetar a aquellos que prefieren ese tipo de bocados que no son tan queridos por nosotros.

Vivir sin ustedes

Armarse de voluntad, amarrar las papilas y abstenerse con resignación a vivir sin consumir quesos, jamones y chocolates es dantesco para un amante de la gastronomía.

Columna de opinión publicada en Avianca en revista, Colombia

Hace un par de semanas, el doctor me prohibió los lácteos, el cerdo, los dulces y los chocolates. ¿Cómo me pide que viva sin la crocancia de un chicharrón o sin la untuosidad de un camembert?

¡Es como decirle a un amante del fútbol que no puede volver a las canchas porque se lastimó los meniscos! Fue así como perdí mi libre albedrío gastronómico.

Al principio parecía sencillo: reemplacé el jamón por pastrami de pavo y la leche de vaca por leche de soya.

Aprender a decir adiós

Pero luego caí en cuenta de que ya no podría volver a disfrutar de los quesos, ¡de mis adorados quesos! De hecho, una gran amiga me guarda, en su congelador, una cuña de munster que aún se mece en los brazos de morfeo.

También tuve que cambiar mi adorado bombón de chocolate nocturno –lo disfrutaba desde hace 20 años– por unos cuantos pistachos. Son deliciosos, pero no sustituyen la dosis de dulce que mantiene cuerdo a un amante culinario.

El escenario en los restaurantes es más dantesco aún, porque ya no puedo ordenar con libertad cualquier plato, sino que estoy sujeta a mi ‘nuevo orden mundial alimenticio’.

Evito a toda costa preparaciones gratinadas y aquellas ensaladas, sopas, antipastos, pizzas o focaccias que contengan, en lo más mínimo, tilsit, queso azul, feta, pecorino, jamón serrano, prosciutto, fuet, etc.

También le huyo a las salsas a base de leche, crema de leche y suero costeño –imaginen una arepa de huevo sin este complemento–; o a algo más básico como la mantequilla o parmesano espolvoreado sobre la pasta.

También tuve que decirle adiós al cochinillo –y a su piel crocante–, a las chuletas, al chorizo, al codillo, a las salchichas, al salami.

Cuando deambulo como un alma en pena por el delicatessen del supermercado, sufro en silencio, al igual que un adicto en rehab, o como los tiburones vegetarianos en Buscando a Nemo.

Vivir sin quesos ni jamones es perjudicial para la amistad

Contemplo aquellas provocativas patas de jamón ibérico, y disfruto, de manera masoquista, cuando los cortan en lonjas delicadas. Manoseo las cuñas de quesos, dips, patés y embutidos exhibidos en las neveras. Disfruto tocándolos, oliéndolos bajo su empaque al vacío y soñando con aquel día que vuelva a disfrutarlos sin restricciones.


Vivir sin ustedes, jamones, quesos y chocolates, es también perjudicial para la amistad. Las mesas de mis amigos, siempre repletas de ustedes, son ahora una tentación, y me contengo mientras me apego a las nueces y aceitunas.

Puede que sea una coincidencia, pero últimamente todos los placeres culinarios a base de cerdo y lácteos son destapados ante mis ojos abstemios. Pero yo me armo de voluntad, amarro mis papilas y me abstengo con resignación a vivir sin ustedes.

La generación de los paladares insípidos

Los niños colombianos de hoy en día comen por lo general un menú insoportablemente simple. ¿Cómo pretendemos que existan paladares globalizados si reducimos el espectro gastronómico a las futuras generaciones?

Columna de opinión publicada en Avianca en revista, Colombia

En Calcuta, Yamini de ocho años desayuna mango y sandía, y su plato favorito son los vegetales con curry y arroz. Los come desde que le salieron sus primeros dientes.

Luis vive en Ciudad de México y disfruta del dulce de tamarindo con chile dulce, o de chapulines crocanticos, casi tan adictivos como un puñado de maní.

En España, los abuelos mezclan una cucharada de vino tinto en medio vaso de agua para que sus nietos se familiaricen con la bebida.

Cito una frase del artículo Papás a la francesa publicado por la revista Semana, en donde se refiere a los hábitos de les enfants:

«Los niños franceses comen comida de adultos sin poner mala cara, desde brócoli hasta Ensalada Nicoise. En los restaurantes del país galo no existe el famoso menú infantil

La necesidad de educar paladares globalizados

Por otro lado, los niños colombianos de hoy en día comen por lo general un menú insoportablemente simple: pechuga a la plancha, papas a la francesa con salsa de tomate, ravioli a la boloñesa o nuggets de pollo. Nada más.

Rechazan una pizca de sal y pimienta, o un chorro de limón y de aceite de oliva porque “no les gusta y punto”. Corren con peor suerte pestos y reducciones, vegetales y hortalizas, condenados a sucumbir en el plato como si fueran parte de su ornamentación.

De forma paralela, cada día se abren más restaurantes increíbles en Colombia con una variada oferta gastronómica que superó por fin al baby beef y al ACPM (arroz, carne, papa y maduro).

Aplaudo enérgicamente el esfuerzo que hacen al tratar de abrirle la perspectiva gustativa a los colombianos de todas las edades ofreciéndoles nuevas especialidades, ingredientes y técnicas. Son educadores de paladares y de experiencias gustativas.

¿Cómo pretendemos que existan paladares globalizados y restaurantes evolucionados si le estamos reduciendo el espectro gastronómico a las futuras generaciones?

Una invitación a probar platos e ingredientes nuevos

¡No hay nada más triste que verlos escarbando entre su plato alejando cualquier vestigio de la huerta!

Entiendo que muchos padres desesperados opten por darle a la criatura lo único que come y así evitar berrinches.

También concibo con que ciertos papás transmiten sus fobias gastronómicas a sus hijos haciendo que estos se abstengan de tener contacto con esa aceituna que desprecia su mamá.

Pero lo que no entiendo es que no estimulen a sus hijos a probar platos e ingredientes nuevos y así conocer el maravilloso e inagotable mundo gastronómico que tenemos ante nuestros ojos.

La mayoría de estos pequeños rechazan un alimento no porque no les guste sino porque no lo quieren probar y punto. ¿Capricho? ¿falta de educación gastronómica?