Comer, además de nutrir, es placer. Negarnos un bocado nos lleva al extremismo. El éxito está en el balance incluso a la hora de bajar de peso.
Columna de opinión publicada en el diario El Espectador, Colombia

Comienza enero y con él, dietas para deshacerse de los “kilos de más”. Google se satura de búsquedas sobre la dieta de la manzana verde, de la piña, de la avena y de los batidos y tés detox; de la “Military Diet” de tres días y de la “Scardale” en donde se consume toda la zanahoria y apio que se desee. #Dieta es tendencia en redes sociales, confundiendo aún más a la sociedad.
Alguna vez, un gastroenterólogo de la Universidad de Tokio me diseñó un plan alimenticio poco equilibrado. Eliminar de la noche a la mañana frutas amarillas, chocolates, dulces y lácteos; tomar té verde sencha –diurético, quemador de grasa y estimulante del metabolismo— todo el día, y diluir fibra natural a base de pitahaya, té verde, linaza y germen de trigo. En cuatro meses me bajé cinco kilos y no era feliz.
Los efectos secundarios de la palabra “eliminar” son devastadores, porque privarnos de cualquier alimento o bebida nos resta felicidad.
Comer: balance, equilibrio y nutrición
Comer además de nutrir, es placer y disfrute. Negarnos así sea un bocado, nos lleva al extremismo, y por experiencia, hemos visto que los extremos, y el exceso, llevan al fracaso. El éxito está en el balance, incluso, a la hora de bajar de peso.
Un ejemplo es el vegetarianismo semanal, una tendencia mundial en donde se evitan las carnes de lunes a viernes y los fines de semana se disfruta de hamburguesas y costillas.
Otra muestra es disfrutar de una pequeña pastilla de cacao al 70% al día, no irnos al extremo y comernos toda la barra.
Si nos hace feliz un helado o unas papas a la francesa ¡comámoslos una vez a la semana! El cuerpo lo pide porque lo necesita, y si se lo damos nos lo agradecerá.
Si piensan que van a ser felices adelgazándose con dietas extremistas, tarde o temprano se darán cuenta de que el secreto de una figura saludable y esbelta está en ser conscientes de que el equilibrio debe estar presente a la hora de comer y de pensar. El cuerpo lo agradecerá.
